Fuera en la calle, hace un frío que raya en el cero del termómetro y luce el sol de última hora de la tarde en invierno. La atmósfera es límpida y transparente. Si no fuera por la baja temperatura, o quizás por eso, es uno de esos momentos en que me apetecería estar callejeando, cámara en mano, cigarrillo en boca, por estas calles de viejos empedrados. Es una luz magnifica para fotografiar los detalles y las cosas, y en el silencio de las piedras puede uno recogerse, abstraerse, o expandirse hasta el infinito…
Es una vieja ciudad con demasiados años a cuestas, y en esa ancianidad me reconozco…
Pero eso es fuera. Aquí dentro de la habitación del hotel, la temperatura va aumentando gradualmente, hasta que alcance los 28 grados programados en el termostato. Demasiado para estar a gusto vestido con ropas de calle. Pero aquí y en adelante, la desnudez y la piel al descubierto, reinaran a sus anchas y, para que esto sea posible, la temperatura ha de ser alta, muy alta. Luego, quizás, será la hora de bajarla. Estoy fumando un último cigarrillo, mientras observo el exterior. La hora se acerca. Lo apago, como siempre apurado hasta el mismo filtro. Se acerca la hora y en otro momento, es posible que estuviera nervioso, o al menos inquieto. Pero hoy y aquí no. En este momento nada me importa ni me inquieta. Nada, salvo cumplir la dulce venganza que en justicia me pertenece. Y la venganza, dicen, se sirve fría, bien fría…
Repaso los detalles de la habitación. Los detalles son importantes en momentos así. Un búcaro de rosas mal colocado, una luz mal dirigida, un objeto fuera de lugar, un sonido que entorpezca, un olor que haga fruncir la nariz… cualquier pequeño detalle podría dar al traste con el momento. Ya lo viví una vez contigo y conozco el alcance de sus consecuencias. Esta vez, la ventaja de conocerte, no tan solo de saberte por instinto, está de mi lado. Y no pienso dejarme ganar.
Y en ese momento, unos nudillos que se adivinan ansiosos, golpean suavemente la puerta. Justo media hora después de la hora fijada. Así eres, te gusta jugar a matarme de impaciencia, porque sabes que en ese tiempo, me consumo en la duda. Así fue antes. No ahora. Ahora tan solo has conseguido arrancarme una sonrisa ante tu previsible tardanza. Me encamino hasta la puerta y la abro suavemente, quedándome oculto tras ella.
- ¿Hola?... – es tu nerviosa pregunta-
- Adelante, puedes pasar…espera. Quieta ahí. No te gires.
Estas parada, frente a mí. Puedo ver tu delgada, pequeña y en apariencia frágil figura, enfundada en un largo y bonito abrigo de invierno. En apariencia frágil, porque recuerdo que de esa apariencia, nacieron las palabras que acabaron conmigo. Pero esa lección ya la tengo aprendida. Nunca más me engañará el espejismo de tu apariencia. Me acerco hasta que mi cuerpo casi toca tu cuerpo, hasta que mi aliento puede tocar tu nuca. Pero no te toco. Te hablo desde esta corta distancia porque la posibilidad que pueda tocarte, lo se, te excita tanto como el tacto mismo.
- Tienes un gusto muy bueno y muy caro para la ropa, exactamente como recordaba. Llegas media hora tarde.
- Lo se. He estado pensando en no venir.
- Pero estás aquí…
- Y tu estas muy seguro de que vendría… ¿Por qué?
- Si fuera por mí, no estarías aquí. Pero no has venido por mí. Yo solo soy un medio. Hay algo que te puede más que yo..
- ¿Ah si… y que es?...
- El juego… el placer… estas enganchada a esto como un drogadicto a su dosis. No puedes resistirte y decir que no…
Le he hablado acercando mi boca tanto a su oído, que hasta he notado como se le erizaba el cabello de la nuca.
- Muy seguro te veo…
- Lo suficiente para saber que vendrías. Lo suficiente para saber que no te vas a marchar.
- ¿Ah no?... ¿Qué crees que me impide darme media vuelta ahora mismo, salir por esa puerta y hasta nunca más, amiguito? – Tu voz ha pretendido sonar socarrona.
- El mismo temblor de tu voz al pronunciar las palabras. No quieres estar aquí, pero estas. No quieres que esta situación te excite, pero seguro que ya estas empapada…
Otra vez mi boca junto a tu oído, hablando suavemente pero con firmeza. Otra vez mi aliento en tu nuca. Noto como crece tu excitación., y como tu olor se vuelve más fuerte y seco a medida que aumenta tu temperatura.
- Tu voz…
- ¿Si…?
- Ha cambiado desde la última vez que nos vimos. Ahora es fuerte y segura…
- Yo he cambiado desde la última vez que nos vimos. Esta voz pudo ser la misma en aquel encuentro. Pero en aquel encuentro, yo estaba perdido. Así me delató mi voz. Así me perdí…
- ¿Y que ha cambiado desde entonces?...
- Nada. Todo. Sobre todo, que ahora ya no me importas. O si me importas. Pero tanto si es verdad, como si es mentira, eso no importa. Estamos aquí para otra cosa. Y lo que me importes o no, no voy a mostrártelo…
- ¿Pretendes que tan solo voy a ser un objeto?
- Pretendo mucho más que eso. Tu yo solo vamos a ser un medio. Un medio para que, aquí y ahora, te llegue finalmente, lo que en su día no te llegó…
- ¿Y que es eso tan pretencioso que crees que puedes darme?...
- El placer. El dolor. La vida. La caída de ese muro que te separa de todo esto y que te mantiene ahora en uno, ahora en otro..
- Suena bien, pero ya fracasaste una ¿tengo que recordártelo?
- No hace falta. Desde entonces he estado aprendiendo para estar aquí.
- ¿Y que has aprendido?
- Que la primera regla es quitarme yo mismo la venda y olvidarme de tu posible dolor. Tu dolor ya no me importa. Me importa tu placer y hasta donde quieres llegar…
- ¿Hasta donde quiera llegar… estás seguro de poder darme tanto?
- Y más…
- Entonces…. juguemos…
Con un suave gesto de tus hombros, el abrigo cae al suelo. Yo podría haberlo cogido, pero esta vez, ya no me importan los modos y maneras. Esta vez, ya no soy un siervo esclavo de lo que siente. Esta vez sólo soy un lobo herido, dispuesto a morder al menor gesto…
- ¿El abrigo?
- Ahí se queda… ya lo recogerás cuando te marches…
Por toda respuesta una sonrisa se pinta en tu rostro. Puedo notarlo, aún sin verte la cara.
- Te has vestido exactamente como te pedí. No me digas que no pensabas venir..
- Bueno, hace mucho que no me vestía como para una película de falda y ligueros, ya me apetecía. Simplemente.
No te vas a rendir a la primera. Ya cuento con ella. Te gusta el juego. Te gusta jugar y eres buena en esto. Pero hoy, todo lo que crees que te da ventaja, va a ser ventaja sólo para mí.
- Y bien…¿Cómo comienza este juego?
- Como deberían comenzar siempre. Por la verdad. Juraste que nunca más querrías verme. ¿Mantienes esa palabra?.
Hay un segundo de tensa y aguda espera. Luego tu voz, fría y seca, habla.
- La mantengo.
- Entonces que así sea…
En ese momento, mis manos se elevan para ponerte un antifaz negro en los ojos.
- Pero esto puedo quitármelo cuando quiera – vuelves a sonreír-
- Esa es la idea. Pero recuerda que si lo haces será por voluntad propia. Y desde ese momento, aquello que juraste más para ti misma, que para mí, quedará anulado. Y por primera vez, habrás dejado de huir y habrás quebrado tu voluntad y tu palabra.
- ¿Me estas retando? ¿aún no me conoces?. Soy la mujer más contradictoria del planeta. Podría quitarme este antifaz ahora mismo y mirarte ahora mismo a los ojos, sin pestañear…
- Pero no lo harás. No aún…
- ¿Qué me lo impide?
- Tu propio orgullo…
Otro segundo de espera antes de hablar. Y ahora tu voz suena más clara y segura.
- ¿Será verdad que por fin me has comprendido?...
Tus manos, cogen mis manos. Sin movernos, durante un breve momento mantenemos ese tacto…
- Tus manos arden. Tal como las recuerdo. Tus hermosas manos…
- Y las tuyas están heladas, como siempre que estas nerviosa o excitada…
- Si….
Esa última palabra tuya es casi un susurro. Un lánguido y caliente susurro de sirena, capaz de anestesiar cualquier sentido… tu rostro se vuelve como buscando mi rostro. Tus labios entreabiertos y brillantes se me ofrecen… es tan tentador…
- No. Aún no. Así no…
Sonríes con toda la boca…
- Sea… muéstrame tu juego…
Me adelanto hasta ponerme delante de ti y, sin soltar tu mano, tiro suavemente de tu brazo…
- ¿Conoces el hotel, verdad?
- Ya te conté que de niña, me harté de jugar por estas habitaciones…
- Bien, entonces, aún a ciegas, estarás más o menos orientada… estamos en la mejor de sus Suite… ahora estamos en el centro de la habitación. Tras de ti, a tu izquierda, esta la cama. Al fondo el baño. Delante de ella, unos cómodos sofás ante una pantalla de plasma. A nuestra derecha, una mesa para seis comensales y un secreter, antiguo de verdad, de persiana, seguramente original de la casa, como la mesa. Tras de mí, los ventanales, altos hasta casi tocar el techo. Las cortinas los cierran. Entre los ventanales, un precioso tocador en madera de roble y acero, con un espejo de camerino. La moqueta cubre la zona de dormir, el resto del piso, es un recio y bien tratado parquet de roble oscuro…
- ¿Ahora trabajas como relaciones públicas de aquí?...
No entro al trapo y obvio el mordaz comentario.
- Te describo la estancia. Se que tienes muy buena memoria. Así podrás visualizarla. Eso te ayudará a moverte con más soltura con el antifaz suelto..
- Esta bien…. ¿y ahora que viene?...
- Ahora nos estamos moviendo fuera de la moqueta… ¿sientes el parquet?..
- Si…
Ahora, tus botines de piel negros, hacen resonar sus finos tacones por la pulida madera del piso…
- Tienes unos diez pasos en línea recta delante de ti, a unos tres pasos a tu derecha, están la mesa y las sillas, por si quieres guiarte. Quiero que andes, arriba y abajo. Sólo quiero contemplarte y ver como te mueves y ver como tus piernas, que tanto me gustan, se contonean y taconean, sabiendo que las estoy contemplando…
- ¿Solo eso, solo quieres mirarme?... que fácil y aburrido va a ser esto…
- Solamente estamos comenzando. Camina.
Tu cuerpo empieza a moverse. Por instinto extiendes tu brazo derecho hasta tocar las sillas y guiarte suavemente sobre ellas. Caminas diez pasos arriba, diez pasos abajo. Al principio, tu paso es inseguro. Luego, poco a poco, confiada en el espacio, tus pasos son seguros y firmes. El toc-toc de los tacones se vuelve un ritmo con canto propio…
Sentado en el borde el lecho, contemplo tu cuerpo. Es un cuerpo menudo, de delgados miembros y algo vencido por los años y las responsabilidades con que cargas. Un cuerpo en el que pocos repararán al cabo del día. Porque pocos, muy pocos, sabemos intuir el fuego que late en su interior. Eso es una suerte y una delicia para quien puede adivinarlo y un peligro para quien puede catarlo. Porque tu fuego quema y envenena. Y puede matar si no estas preparado para recibirlo…
Por un segundo me he perdido en las cosas que siento, al compás de tu taconeo, que ahora sí, es vivo e insinuante. Sabes que te miro, sabes que mis ojos están bebiendo cada parte de tu cuerpo… tu rostro, tus hombros, tu espalda, tus senos, la cadencia con que cada inspiración los eleva suavemente bajo la blanca camisa de seda… tu talle que casi puedo abarcar con las manos cerradas. Tu trasero. Ese pequeño trasero tuyo, que, como dices, se ha llevado la peor parte del paso de los años, ajustado bajo la corta falda de piel negra… tus piernas… tus estilizadas, firmes y cuidadas piernas… sexys, como bien dices, ahora cubiertas por unas medias negras, sujetas a un liguero bajo la falda, para encubrir la vaporosa braga bajo la cual, tu sexo, completamente depilado y limpio, ya estará ardiendo de impaciencia…
- ¿Ya me has memorizado de arriba abajo o debo contonearme un poco más para ti? – preguntas sonriendo.
- Sigue… ¿recuerdas aquella tarde que me llamaste desde el despacho, y durante un momento, dejaste el auricular sobre la mesa para ir a cerrar la puerta?...
- Si… la recuerdo…
- ¿Recuerdas como me gustó oír el suave taconeo de tu cuerpo sobre el parquet de la oficina?
- Lo recuerdo…
- Es una de las pequeñas cosas que me rindió de ti. Que incluso distraída, tu sensualidad esta latente en cada uno de tus movimientos…
- ¿Y ahora?...
- Disfrutarlo en directo es mejor, mucho mejor. Me excito sólo con mirarte…
- ¿Ah sí?... oh!... se me ha caído algo…
Como por descuido, haces el gesto de agacharte a recoger algo que, obviamente, no se te ha caído… como por descuido, abres tus piernas permitiendo que la escueta falda, enseñe hasta donde no puede más… justo delante de mí, para regalarme con la visión de tu sexo, cerca, muy cerca de mí… y un intimo brillo de entre lo oscuro, queda prendido en mi retina…
- Esto no pudiste verlo entonces…
Con un gesto lento y preciso, tu mano derecha, sube desde el suelo y pasea por tu sexo para subir hasta tus pechos y acabar en tu boca… un gesto suave, sencillo… un arponazo sobre el deseo de cualquier hombre… estas empezando a disfrutar del juego. Estas relajándote hasta donde justamente yo esperaba. Quiero que, por un breve momento, tengas la sensación, que la atracción que ejerces sobre mí, manda… por un breve momento ese triunfo será tuyo…
- Muy bonito… sigue caminando, contonéate, juega a placer, haz lo que se te ocurra. Voy a fumarme un cigarrillo mientras te contemplo… ¿quieres uno?..
- Si… ¿Por qué no pones algo de música?...
Enciendo un cigarrillo. Me levanto y lo pongo en tus labios y te hablo en el oído, otra vez…
- Sólo una calada… y no, no voy a poner música… seguro que te animas y te acabas desnudando para mí a su ritmo… no quiero que me quites ese placer…
- Mi pequeño me conoce bien – haces un una burla de querer morderme, exhalas el humo del cigarrillo y sigues moviéndote por la sala para mí…
Acabo el cigarrillo. En ese breve tiempo, te has contoneado insinuante a placer. Cada vez más segura que la atracción que ejerces obre mí, manda en esta habitación. Eso es lo que quiero. Que te sientas segura y confiada. Es parte del juego. Para sentir placer hay que estar relajado y confiado. Hay que sentir que se esta jugando, para disfrutarlo…
- Ya basta.
Me acerco otra vez a ti. Te vuelvo a coger la mano.
- Vamos a recorrer la habitación. Repartida por ella, hay dispuestos unos cuencos de terracota. Son grandes velas de jardín. Con unas pocas, se puede conseguir una luz caliente y perfecta para esta estancia. Quieta. Coge esto – te pongo uno de los cuencos entre las manos- Sostenlo ante ti. Voy a prender el cabo de la vela…
Un tanto expectante, sostienes el cuenco entre tus manos. Saco una caja de cerillas del bolsillo y muy cerca de tu rostro, enciendo una. El chasquido te sobresalta un poco.
- Tranquila es una cerilla. ¿Notas su calor?
- Si… - tu voz tiembla un poco.
- Y ahora… ¿notas el calor de la vela?
- Si…
- Ahora, sopla para apagar la cerilla.
Das un ligero soplido y la cerilla se apaga…
- En el silencio y con los ojos cerrados, se puede escuchar casi cualquier sonido, que en el transcurso del día pasaría desapercibido… el chasquido de una cerilla, el crepitar de un cabo de vela, el sonido de una voz al alejarse o acercarse, el diluirse del azúcar en una taza de te hirviendo, el tacto de una uña sobre una camisa de seda… y es casi milagroso como esos sonidos, que en cualquier otro momento pasan desapercibidos, pueden, en medio del silencio, despertar los resortes más ignorados…
Voy un poco al azar, despreocupadamente, mientras guío tus pasos por la habitación, de cuenco en cuenco. Ante cada uno el ritual se repite. Al terminar, toda la estancia esta suavemente iluminada por la cálida luz de las velas. Apago las luces. Incluso en la quietud de la estancia, las llamas tiemblan ligeramente, y ese ligero temblor crea una extraña atmósfera de claroscuros, se sombras y luces, de trampantojos, que dan otro significado a la estancia.
- Voy a levantarte el antifaz. Quiero que veas como ha quedado la habitación y en que ambiente nos vamos a mover. Quiero que lo veas para que luego, a ciegas, te excites pensando que y como vamos ha hacer… junto a que luz y al amparo de que sombra…
Levanto suavemente el antifaz…
- Es precioso e intrigante… hay algunas velas dispuestas en sitios que no parecen tener sentido, y otras, donde pensé que estarían no están…
- Todo cuanto ves tiene un sentido. Unas están dispuestas para reforzar o atenuar luces y sombras. Otras tienen destinado un papel en nuestro juego…
- ¿Ah si?... ¿Qué vas ha hacer, asarme y comerme lentamente?
- Si de comerte se tratara, lo haría a bocado limpio, en crudo, como estas… ya basta- Vuelvo a colocarte el antifaz- Bien, nos hemos encargado de la luz, ahora vamos a por el olor.
Vuelvo a prender una cerilla junto a su rostro.
- Ahora sopla suavemente, pero sostenido, un momento.
Vuelves a soplar. Mis manos aventan un ligero humo hacia tu nariz.
- ¿Notas el olor?...
- Uhmmm… incienso… pero sin un olor especial…
- Eso es… puro incienso… suficiente por si mismo para excitar todos los sentidos… sopla otra vez…
Al cabo de un momento, algunas recias varas de incienso, queman tenuemente repartidas por la estancia. Poco a poco, la atmósfera se va calentando y tornando más espesa… en un momento que estamos muy cerca, me coges por la cintura y me atraes hasta pegar mi cuerpo sobre tu cuerpo. Tu notas la excitación de mi sexo, yo el calor que emana de ti y en la voz con que me hablas, con tu boca pegada a mis labios…
- Oye… llevamos aquí un buen rato y aún estamos vestidos… ¿Cuándo vamos a jugar de verdad?...
- Ten paciencia. Dicen que lo bueno se hace esperar…
- Eso no cuenta para las impacientes como yo…
- Lo sé. Recuerdo que en nuestro encuentro anterior, eso fue una de las cosas que me perdió. El querer calmar tu impaciencia de golpe, en lugar de marcar un tiempo. Ahora… paciencia…
- Uhmmmm…erdaaa- sonrío al ver como te muerdes los labios.
- ¿Has notado algún olor más?
- Un olor ligero y dulzón a Rosas. Ya he visto los búcaros… Has pensado bien los detalles…
- He tenido tiempo para ello… ahora vamos a por el sonido…
Me acerco al equipo de música de la habitación. Inserto un CD en el lector y pulso el “Play”. Bajo el volumen al 3. Será suficiente.
- ¿Lo oyes?...
- Es como un tam tam de tambor, pero muy flojo…
- Eso es exactamente… una de las ventajas de conocer a muchas personas, es lo que no aprende de y con ellas. Hace unos años conocí a un chico africano. Trabaja en una empresa de montaje de andamios. Se gana muy bien la vida. Mejor que yo. Pero la pasión de su vida, es la percusión, sacar sonidos y ritmos de cualquier objeto. Recuerdo que le ayudé a montar un pequeño estudio de grabación en su casa. Es asombroso lo que la tecnología de hoy permite con un par de cacharros bien ensamblados y un buen software. Cuando pensé en este encuentro, me acordé de él y le pedí esto. Es un sencillo ritmo de timbales, cajas y tambores. Tiene una duración determinada y un ritmo en aumento, calculado a propósito. Tan solo escúchalo… deja que el sonido te cale y te llene…
- Curioso pero bien, vale… tenemos luz, tenemos olor, tenemos sonido y hace calor… mucho calor… ¿Qué viene ahora?...
- Acércate… ahora es cuando vamos a jugar de verdad…
En cuanto termino de hablar, caminas hacia mí… tu sonrisa amplia acoge mi mirada…
Es la hora de la verdad desnuda…
Lo que ocurre a continuación, es que me abrazas y te abrazo. Los abrazos no son tu especialidad. Se nota que en tu vida de dolor, son pocas las veces que alguien te ha abrazado con amor… o que hace tanto tiempo desde la última vez, que tus brazos están más acostumbrados a yacer fríos y a la espera, que a elevarse, cerrase en torno a otro cuerpo y darle calor. Nos besamos… por primera vez en mucho tiempo y es un beso largo y profundo. Húmedo como el deseo que nos llena, fuerte como las ganas que empujan ese deseo… ese tacto y ese beso son de los que dicen “¿Por qué hemos estado separados tanto tiempo?”… pero como explicarle al cuerpo que tantas y tantas veces, una cosa es lo que este desea y otra lo que le damos. Y que la mayor parte de esas veces que surge esta discrepancia, sólo sabemos darnos vagas y pobres excusas, encuadradas casi siempre en vaguedades como “la vida” “las circunstancias” “lo que debo hacer” “lo correcto”… lo que viene a decir que sí, que somos bípedos, que tenemos un cerebro y que lo usamos, valla que lo usamos, aunque nos jodamos vivos a nosotros mismos en esa atadura racional…
- Ya era hora… - es lo primero que dices al acabar el beso.
- Si… - y vuelvo a besarte pero esta vez para centrarme en el presente.
- ¿Ahora viene cuando nos desnudamos, follamos como animales, vemos las estrellas y hasta otra compañero?...
Ni muerta de ganas lo vas a demostrar. Tu no tiras la toalla aunque te valla en ello la vida. Y siempre, siempre, tienes que tomar la última palabra y la última decisión. Estás llena con esa sensación de poder que el deseo que me provocas te da. Y te aferras a esa sensación, aún a costa de perderme. Ya lo hiciste una vez… pero quien sabe, quizás es que no conozcas otra forma de relacionarte, si no es como demostración de fuerza. Un combate de tirasoga mental en el que demostrar quien es el más fuerte… y en tu vida de dolor quizás ya perdiste demasiado una vez, o demasiadas veces, para dar tu brazo a torcer. Desde hace mucho estas acostumbrada a ganar, a ganarte incluso a ti misma… a mi ya me venciste una vez y estas llena de la convicción que podrás hacerlo otra vez y las que hagan falta… hasta este mismo momento, no hay nada que te demuestre lo contrario…
- Bueno, ahora lo que viene, es que me vas a desnudar, poco a poco, pieza a pieza, y puedes acariciarme y besarme donde te plazca…
- ¿Y yo?...
- A ti te tocará después –me gusta la picardía con que me sonríes.
- Pues vamos ya, porque me estoy asando de calor…
Con algo de impaciencia que he de refrenar de vez en cuando, vas quitando cada una de mis prendas, comenzando por la americana, la corbata, la camisa… la ropa va cayendo al suelo y tal y como cae ahí se queda… de tanto en tanto, dejas un beso sobre alguna parte de mi anatomía… un pequeño mordisco, un roce de uñas, una caricia entre los rizos del vello, un apretón en las nalgas… una sonrisa cuando tus manos tocan mi sexo recién afeitado, una suave acaricia para recorrerlo y un beso húmedo en el glande de bienvenida… te gusta como reacciona… yo me dejo hacer y a ratos tan solo cierro los ojos para liberarme al placer de tus tactos y a ratos, vuelvo a abrirlos para no olvidarme donde estoy y perderme otra vez… en unos deliciosos y lentos minutos, estoy desnudo ante ti… De nuevo te abrazo, más fuerte que antes. Esta vez es piel contra tejido. Ya queda menos. Otro húmedo y largo beso…
- ¿Ahora me toca a mí no? – tu voz ha sonado un poco más ronca y ansiosa de lo que te hubiera gustado, quizás.
- Si, ahora es tu turno –un último beso- ven –te cojo de la mano y te atraigo al centro de la estancia- Extiende la mano… esta mano que tocas es la de Adan… extiende la otra… esta mano que tocas es la de Eva- mi voz se ha alejado hacia uno de tus costados…
Te has quedado petrificada. Tanto que ni siquiera has retirado las manos de las manos que te las sostienen… casi puedo oír los engranajes en tu mente, rodando a toda velocidad parea lanzar una pregunta… “Rápido, rápido, ¿Qué está pasando aquí?”… y no puedo evitar un leve sonrisa… tras ese primer instante, reaccionas y sueltas tus manos…
- ¡¿Qué es esto? ¿Qué está pasando aquí? ¿Qué juego es este?! – Tu voz se eleva como un lamento por sobre el jarro de agua fría con que acabo, casi, de apagar tu deseo.
De nuevo a tu espalada, te hablo muy quedo, al oído…
- Este es el juego. En nuestro último encuentro, me perdí y me dejé ganar por el deseo que me provocas y por los sentimientos que me despiertas. Fue un combate rápido que tenías ganado aún antes de comenzar. Te resultó demasiado fácil mi entrega y eso es lo que hizo que me rechazaras. Porque una vez entregado y rendido, quedaban los sentimientos al aire. Y eso es algo que no quieres que ocurra en las horas de tus días. Juego todo, pero nada que se acerque a mil millas de la fortaleza de tu corazón. Nada en lo que puedas correr el riesgo de derribar esa fortaleza. Así que una vez rendido, lo mejor que podías hacer conmigo era matarme y enterrarme. Para siempre. Te lo dije al comienzo. Hoy estas aquí, tan solo porque no puedes resistirte al juego. Yo no cuento, porque para ti soy como un hombre sin atributos. Algo aséptico que puede ser sustituido. Por eso estoy aquí hoy. Para comprobar si para ti soy una mera pieza que puede ser sustituida fácilmente. Y para comprobarlo, nada mejor que ofrecerte todo el placer posible, todo el que yo pueda ofrecerte sin tocarte. Yo te lo ofrezco. Adan y Eva, te lo vana a proporcionar. Yo estaré aquí, desnudo, abarcable y disponible para ti en todo momento. Pero para que yo participe, para que puedas gozar de mí, tendrás que nombrarme, tendrás que llamarme y pedírmelo. Sólo así podré resucitar de entre los muertos en vida entre los que me has colocado.
- Esto no es un juego. Esto es alguna forma fría y escabrosa de venganza…
- En parte sí. La parte de la venganza es que aquí y ahora, voy a derribar de una vez esa muralla que tanto quieres y por la que no0 dudaste en sacrificarme. Esa será mi venganza, lo admito. Y lo voy a conseguir dándote todo el placer que4 hasta ahora te has negado. Te gusta el sexo y te gusta jugar. Pero siempre en un terreno que tu conozcas y domines por entero. Siempre ha sido así. Hasta ahora. Este juego que te ofrezco, ni te es conocido, ni lo dominas. Pero igualmente lo vas a jugar. Lo sé.
- ¿Qué te hace pensar que no me voy a marchar ahora mismo?- tu voz es seca, estas tirando de la cuerda de tu marioneta para ver si se asusta.
- Tu propia rabia. Estas rabiando, primero, porque estas ante algo que desconoces y no puedes dominar mentalmente. En este juego sólo el instinto y el puro deseo animal te sirven como armas y eso es algo que temes dejar en libertad y sin control. Y eso te da rabia… estas rabiando porque un don nadie como yo, que ya estaba muerto y enterrado, se halla atrevido a desafiarte… y estas rabiando, sobre todo porque he acertado, y sabes, que pese a todo, vas a jugar. Toda esa rabia, que en otro momento y otro lugar no supe comprender es, hoy y aquí, mi mejor arma contra ti… no te vas a marchar, porque incluso a pesar de ti misma y de lo que ahora sientes, quieres jugar, porque crees que puedes ganar. Por eso no te has marchado ya. Por eso aún llevas el antifaz puesto.
- El antifaz…si…- tu voz se ha escapado como un susurro…
- ¡Déjate llevar de una maldita vez y juega…demuéstrame de lo que eres capaz!- Mi voz, casi un grito, ha hecho saltar el último de los resortes de tu cuerpo y has dado un respingo. El último resorte de tu primera línea defensiva ha caído.
- ¡Bien!... si crees que esto es alguna forma de hacerme perder algo o humillarme en algún modo, creo que te has equivocado de medio a medio. Y me lo has puesto fácil. Adan, vale, es un tipo… pero Eva…. Ya sabes que no me gustan las mujeres… así que el juego va a perder mucho, mucho….
- En cambio a Eva, le vuelven loca las mujeres. Estaría cada minuto de su vida, follándose a todas las mujeres que le gustan. Y a fe mía que lo intenta. Por otro lado, lo que a ti te guste, para empezar, es secundario… Son dos profesionales de primera, su profesión es dar placer y son buenos, muy buenos, puedes creerme. Hoy están aquí para enseñarte todo lo que saben hacer, tú solo síguelos… si puedes…
- ¿Por donde empezamos?
- Donde estamos… los tres estáis vestidos, así que lo primero es desnudarse. Tu los desnudarás a ellos y ellos a ti…
- Empecemos con esta pantomima. Así acabaremos cuanto antes- Lo intentas pero tus palabras no consiguen ahogar del todo, la curiosidad que sientes.
- Bien. Mientras os divertís, yo estaré por aquí. Y, para entreteneros, voy a leeros un pequeño libro. “La séptima noche” ¿lo recuerdas?...
- Lo recuerdo… leerme aquel capitulo por teléfono para calmar mi aburrimiento… fue una de las cosas más hermosas que hiciste por mí…- te cuesta soltar las verdades y se nota en la cadencia con que pronuncias la frase, más como si te la robaran que dicha con autoridad.
- Entonces, escucha la música, escucha mi voz y disfruta…
Cojo el pequeño libro. Enciendo un cigarrillo y me apoyo en uno de los sofás de la sala, apenas a unos metros de donde estáis. Me esta costando mucho, pero puedo mantener la sangre lo bastante fría como para no fallar esta vez. Para no fallarte una vez más. Eso espero que entiendas. Lo que no se si comprenderás es que, en realidad, hoy y aquí no hay nada que perder o ganar. Tan solo hay placer, dolor… la vida…
Ellos ya han comenzado a desvestirte. Con un juego perfectamente ensayado, se van moviendo alrededor tuyo… exhalo una bocanada de humo y bajo la vista hasta el libro para comenzar a leer…
- “Primera noche…. Llegué a medianoche, según sus indicaciones. Hotel agradable pero discreto…”
Mi voz va entonando las palabras. Dándoles el ritmo preciso. Prestándoles el aire, narrando como en la más pura tradición oral… para que las palabras dejen de ser meras vocales y consonantes y sean aquello para lo que nacieron, al calor del imaginario en este caso, de una mujer…
Tú, en medio de ellos, te ves cohibida, por la presencia de la mujer sobre todo, a la que intentas no prestar atención… pero la danza de cuerpos, brazos y manos a tu alrededor, está más que ensayada, así que, por cada vez que tus manos logran posarse sobre el cuerpo de él, en busca de una prenda que despojar, son tres o cuatro, las veces que tus manos caen sobre el cuerpo de ella… y, si, al principio, tal y como tus manos tocan su cuerpo, se retiran… pero la música va elevando su ritmo, hace calor, las manos que te despojan de la ropa, son también manos que acarician y saben donde hacerlo y, de tanto en tanto, un labio y un beso se escapan… de tal forma que en muy poco tu ya estas desnuda entre ellos, que apenas si llevan alguna prenda suelta… son cuatro brazos y dos bocas que siempre quieren, contra dos brazos y una boca que ahora quiere, ahora no…
- “Lo que me faltaba aquella noche, era precisamente, despreocupación…”
Seguía leyendo. Obligándome a la paciente, fiel y serena ocupación de leer, por más que mis ojos se escaparan del texto, y mis labios y mis manos quisieran estar un poco más allá, donde el juego sucedía realmente…
Por cansancio, quizás de querer acabar con aquello, finalmente tus manos aceptaron el tacto de la mujer y lentamente la vas desnudando. Va vestida con las mismas prendas que tú. Es una forma de desnudarte a ti misma. Cuando te das cuenta de esto, tus manos saben más certeramente donde dirigirse… y la danza continúa… como por descuido una mano de él, o de ella, ya no puedes estar segura, tocan un pecho, rozan una nalga, acarician el vientre o la espalda… besan sus labios tus labios, tu espalda, tus senos, tus muslos, tus manos… un pecho está justo en el camino de tu boca, un vientre liso y ardiente, en el camino de tus manos… y hace cada vez mas calor… los movimientos son menos bruscos, más lánguidos, insinuantes… más juguetones… unos dedos, de él, o de ella, ya no puede estar segura, rozan el pubis, resiguen el camino de la herida abierta entre las nalgas… y quedamente, como sin ganas, surge un rumor como de queja, que lentamente se transforma en el dibujo de un deseo, en la forma de un suspiro… en la forma de un gemido finalmente exhalado…
Y los cuerpos ya están prácticamente desnudos, solamente queda una prenda…
- “… su aliento sosegado que subía hasta allí donde tengo más carne, relajada, fiel y cariñosa, que desde arriba velaba por él.”…
- ¡¡¡Hostias…. Jesús de mi vida!!!- como se nota la educación de mojas.
El Boxer de Adan acaba de caer y yo sonrío…
¿Quién dijo que el tamaño no importa?...
Quien dijo eso, no conocía a los Adanes de este mundo, y, por descontado, mucho menos a las mujeres de este mundo….
Te has quedado muda un momento y hasta te has levantado el antifaz. El sexo de Adan, no es cualquier sexo, desde luego, y es cosa de admirar. Eso es lo que haces, admirarlo.
- Encantado – Es lo único que dice Adan.
- Encantada yo…- le contestas mientras, a modo de saludo estrechas con una mano su miembro, tal como si le estrecharas la mano- Creo que nos vamos a llevar bien tu y yo.
- ¿Y conmigo no?- ahora es Eva la que habla.
Estas tan concentrada en lo de Adan, que hasta te habías olvidado de ella. Ahora cuando te habla, das un ligero respingo y un pequeño saltito. Sin darte cuenta siquiera, Eva tenía su mano entre tus piernas, en tu sexo. Ahora se la lleva hasta su boca y con placer saborea y relame sus dedos…
- Me gusta como sabes….- Lleva su mano a su sexo. Acaricia sus labios con los dedos y los lleva hasta tu boca- ¿te gusta el mío?...
No respondes, pero la sorpresa te ha dejado clavada un momento. Hasta el punto que abres la boca y chupas sus dedos para probar su sabor, con una actitud de niña obediente, que no hubieras dicho unos minutos antes. Mientras lo haces, ella te mira a los ojos directamente y pasa su lengua para humedecer sus labios… lo esta haciendo… te esta calentando poco a poco y suavemente, con paciente dulzura, para que no te sientas atrapada y te entregues a ella sin temor. En otras palabras, te esta seduciendo como más le gusta. Y está funcionando. Mientras tiene los dedos de su mano en tu boca, coge tu mano derecha y lentamente la lleva a su pecho izquierdo. La deja ahí quieta un momento y luego la presiona ligeramente…
- ¿Notas el calor?.. es un pecho de carne suave y firme… es un pecho caliente… y esta caliente por ti… ¿te gusta?...
Te ha preguntado cerrando los ojos y echando ligeramente hacia atrás su cabeza, emitiendo un leve ronroneo gatuno, con su voz caliente y bien timbrada. En el mismo momento, él, te abraza desde atrás, acariciando tus pechos y rodeando tu cintura con el otro brazo… su sexo pegado a tus nalgas para que notes su calor… tus ojos se pierden un poco… tus labios se abren para dejar escapar los dedos y emitir un suave y profundo…
- Si….
El calor de la estancia, la música, la luz tenue y cimbreante, el calor de los cuerpos, el conjunto que es todo, está haciendo efecto y tu te estas, por fin, relajando, y entregándote al placer del juego… al placer de la carne…
- Hechas las presentaciones, podemos seguir – he hablado para que no se te olvide donde estamos. También para no olvidarlo yo mismo…
- Si… ¿que viene ahora?...
No te he dicho nada, pero tu misma has vuelto a colocarte el antifaz. No me has mirado una sola vez desde que te lo quitaste. Quieres mantener tu palabra. Podrías haber seguido sin él, pero es evidente que seguir las reglas del juego te excita tanto como el juego mismo y pensar en el placer añadido de recibir los tactos que están por llegar a ciegas, le añade un punto más de excitación que no estas dispuesta a perderte…
- Ahora déjate guiar. Ya saben lo que han de hacer. Yo seguiré por aquí, leyendo. Recuerda que, cuando quieras, puedo parar la lectura y unirme al juego. Pero tendrás que pedírmelo…
- De acuerdo… pero yo de ti, me sentaba cómodamente a esperar… es posible que hoy sólo vayas a mirar…
Una última sonrisa se pinta en tus labios antes de bajar el antifaz de nuevo sobre tus ojos. Estas disfrutando, ahora sí, del juego, pero aún crees que puedes ganarme, ignorándome. No. Aún no has comprendido lo que realmente significa y pretende este juego…
Ya con los ojos vendados, haces un gesto teatral, extendiendo los brazos a cada uno, como diciendo “llevadme”. En silencio, cada uno te toma de un brazo. Te guían hasta el baño… me acerco tras de vosotros, me apoyo en le quicio de la puerta y bajo los ojos hasta el libro para continuar leyendo…
- “Segunda noche. Regresé, traspasé de nuevo la puerta del hotel, de mi hombre, virgen y puta…”
En un lado del baño, hay una gran bañera redonda, cómoda para cuatro personas. Te introducen en ella. Esta llena de agua caliente y pétalos de rosa… de rodillas, dentro de ella, el agua os cubre hasta la cintura. Él coge unos frascos que hay en el borde y va esparciéndolos por el agua… aceites y sales de baño… prende unas varas de incienso y las dispone junto al borde… Ella moja tu cuerpo con el agua que cabe entre las palmas de sus manos… la deja caer en pequeñas y suaves cascadas sobre tu cuerpo y luego, con cuidado, masajea ahí donde ha caído… Él se une a este mismo mojarte… la música llega un poco atenuada desde la habitación y, en el casi silencio de la habitación, se oye nítido el caer del agua… el vapor del agua caliente se une al vapor de los cuerpos y llena la estancia… de fondo el rumor de mi voz que sigue narrando…
- “Sus manos en mi espalda, en mi nuca, en mi cintura, las mías en sus hombros, en su torso…”
Al comienzo del baño, permanecías quieta, sumisa, con los brazos en los costados, reposando relajados… tan solo una niña que disfruta del baño que le ofrecen y de las manos que la cuidan y que la miman…
Dejarse mimar en los actos cotidianos como el baño, por unas manos que saben y quieren cuidarle a uno, es uno de los grandes placeres de la vida…
Ahora, poco a poco, tus manos se mueven para participar del cuidado… coges agua con tus palmas y lentamente mojas cada parte del cuerpo de él, desde su cuello, bajando por sus torso, su cintura, sus brazos, hasta acabar en sus sexo, al que le dedicas todo el cuidado del que eres capaz… a tu espalda, ella ha enjabonado tu espalda y mientras tu extiendes el jabón sobre el cuerpo de él, pega sus cuerpo a tu espalda… sus pechos, duros como pequeñas rocas… sus pezones clavados en tu espalda… su cadera pegada a la protuberancia de tus nalgas… lentamente inicia un suave movimiento… arriba… abajo… a izquierda… a derecha… en pequeños círculos… recorriendo cada centímetro de tu piel… el hace otro tanto, pegando su cuerpo al tuyo… ahora estas en medio de los dos cuerpos, que resbalan por cada centímetro de tu piel, masajeando, apretando… veo tus pezones erizarse y se que el calor ya está subiendo desde tu vientre… lentamente los dos cuerpos se levantan hasta quedar de pie, arrastrándote con ellos… sujetándote… sin esfuerzo alguno… Ya de pie, la danza de los cuerpos continúa… ahora bajo el chorro caliente de la ducha… y ahora ya si, seis brazos se tocan y se abrazan y tres bocas se buscan y se encuentran… suavemente… suavemente… quiere el aire subir desde tu vientre y exhalarse… quiere subir…
- “… y frente a frente en esa cama de brasas nos consumíamos tan dulcemente que creíamos morir…”
- Aaaahhhhh….uhmmmmmmm……- y acaba por salir.
Finalmente, la primera oleada de gran calor, de gran amor, acaba de romper sobre la playa de tu cuerpo… finalmente y felizmente, el cuerpo se abandona a esa pequeña muerte blanca que limpia las nubes del horizonte y pinta la dulce sonrisa en los labios… finalmente y felizmente en la playa de tu cuerpo…
Durante ese momento, mis ojos se han elevado desde el sueño húmedo de las palabras para contemplarte y ver como tu cuerpo se eleva, se tensa, se rompe y cae... un poco desmayadamente… pero sin llegar a caer, sostenida entre los dos cuerpos… y mi sexo se endurece, se queja y se retuerce de dolor, porque esta aquí, cohibido, y no está ahí, libremente despojado y librado al placer de tu carne… me esta costando, pero debo hacerlo, no puedo fallarte otra vez, no puedo fallarme… si tu juegas, yo he de sostener el juego, y morderme los labios… Y callarme, si, cuanto te amo y te deseo…
Te sacan del baño. Cuatro brazos secan tu cuerpo. Cada centímetro de esa piel que ahora ya no es carne tensa y desesperada, si no humildemente liberada al juego de las caricias que queman en las yemas de los dedos… tersa y voluptuosa en el anhelo de más… cuatro manos untan tu cuerpo de aceite tibio de almendras y un suave olor se mezcla con el olor del cuarto… un olor que es ahora dulzón y amargo a un tiempo… unas manos vuelven a calzarte los botines… unas manos ciñen un fino collar de cuero negro a tu cuello, del que cuelga una fina cadena… unas manos atan tus muñecas con un cordón trenzado rojo… y tu, ya te dejas hacer sin hacer preguntas…
Igual que te dejas hacer, te dejas guiar por la cadena que tira de tu collar… caminas hacia el centro de la estancia hasta que se acaba la moqueta y tus tacones vuelven a sonar sobre el parquet… y vuelves a sonreír porque, ahora sí, sabes que ese caminar es para mí… que te están haciendo caminar y exhibirte… tu cuerpo desnudo frente a mi desnudo cuerpo… el brillo de tu piel perfumada en cada pliegue y el olor de hembra encelada que ya no quiere más que calmar su ansia… y tus pasos se hacen fuertes y rítmicos… ahora, lo sabes, toda la atención de la sala está en tu cuerpo… y en el movimiento de tus hermosas piernas… y en la rítmica cadencia de tus tacones… y esa sensación vuelve a llenarte y te devuelve una seguridad que ya no importa realmente, porque ya lo único que importa es el calor de la carne…
- “Agotada de deseo, cerré los ojos y me dormí con la cabeza pegada a su vientre…”
- ¿Te gusta lo que ves?... ¿Te excita lo que estas mirando?...
¿Qué si me gusta lo que veo? Aún no puedes imaginarte hasta donde. ¿Qué si me excitas? Lo que tú crees, es tan solo una pequeña parte de cuanto eres capaz de excitarme. Como dicen de los icebergs, lo que puede verse es una octava parte. La mayor parte de eso, de cuanto me gustas y me excitas, esta aquí, bajo esta piel que se consume por ti. He dicho iceberg, pero en realidad estoy pensando en un volcán, porque todo cuanto late por ti bajo esta piel mía, no tiene nada que ver con el frío… es caliente, muy caliente… aún así, aún a pesar de toda esa lava que quisiera salir como una explosión de este cuerpo, callo y no digo nada. El momento de hablar ha terminado. Ahora es el momento de amar la carne… la tuya, y de la espera… la mía. Más hablar no tiene ya ningún sentido… así pues callo y no contesto. Continúo con la lectura.
- “Tercera noche… Al marcharme le pregunté cuales serían las reglas para aquella noche…”
Así, por todo respuesta, sientes la cadena tirar suavemente del collar para moverte. Te llevan hasta la mesa y te tumban sobre ella. Han retirado las sillas, para que la visión y los movimientos no se vean entorpecidos… no puedes verlos, pero quizás puedas intuirlos por el sonido y olor de sus cuerpos… él esta de pie tras de ti, ella está a tus pies… cuatro cuencos con cuatro velas en las cuatro esquinas de la mesa, iluminan la escena… tú, tumbada, con el cuerpo un poco tenso por la rigidez de la madera, los brazos atados sobre el estómago… por un segundo aparentas ser un bocado exquisito dispuesto sobre una barroca mesa del más delirante de los banquetes imaginables… por un segundo, eso es lo que eres, un bocado exquisito que va a ser devorado ahora mismo…
Eva, primeramente te descalza… los botines al caer sobre el parquet, hacen un sonido seco que te sobresalta un tanto… luego sientes como sus manos, su lengua y su boca, comienzan a juguetear con tus pies, y sonríes… quizás pensando que ya se cuanto de poco te gusta que te toquen los pies, y piensas que, por ahí vamos mal… lo que tú no sabes es que Eva no es tan solo una consumada amante, si no que, además, es una experta masajista… así, esa primera sonrisa tuya, da paso a una mueca de sorpresa y a otra sonrisa de “Uhmmm, pero bueno es esto”… y así tu cuerpo se relaja, que es justamente lo que Eva ha estado provocando… y cuando te relajas, las caricias de sus manos y su boca van subiendo centímetro a centímetro por tus piernas… cuando sus manos y sus besos llegan hasta tus rodillas y hacen un gesto para abrir tus piernas, intuyendo su intención, tu cuerpo se tensa y tu cabeza se levanta… con un gesto de impotencia, porque tus manos están atadas, exhalas un tímido y tembloroso..
- No… no…
- “Ella se había medio tumbado sobre mi cuerpo, con el suyo, pesado…”
En ese momento que tu boca se abre en la queja, el sexo de Adan se apodera de todo su interior… y tu suplica queda ahogada por el peso de su carne. Tira de la cadena y tu cabeza queda quieta sobre la mesa… con la boca llena de su sexo, haces lo único que puedes hacer, chuparlo, lamerlo, comerlo… cosa que por otro lado, a tenor de por como te olvidas de lo que está ocurriendo abajo, ya te apetecía… Y así tu cuerpo y tu mente toman conciencia del momento… y así tu cuerpo y tu mente, olvidan toda otra cosa que no sea el placer por el placer mismo que ahora y aquí esta sucediendo… y los remilgos, ahora ya, finalmente, no son más que otra palabra más aprendida para olvidarla… lo que importa ahora es satisfacer el deseo de la carne por la carne… el deseo de Adan por tu carne, tu deseo por el cuerpo de Adan, el deseo de Eva por el tuyo mismo… sexo, pura y simplemente sexo… beatifico y liberador sexo… animal sexo del animal que somos… el deseo por el deseo.. satisfacer las ganas, ya a cualquier precio… aún a costa de cualquier prejuicio anterior a este momento… porque otro momento, ahora, no existe…
Y así, en un momento la acción se precipita y se hace más rápida, al ritmo de la música, al ritmo de esas ganas ahora liberadas y sin rienda, al ritmo del deseo únicamente…. Mientras tu comes, chupas, lames el sexo de Adan, que crece por momentos, Eva ya está haciendo un tanto con el tuyo propio, a un ritmo y buen hacer que hace que tu cuerpo se retuerza presa de espasmos en muy pocos minutos… y que los gritos de placer queden ahogados por la misma carne que llena tu boca por entero… tu rostro se retuerce buscando un sexo a veces esquivo… de tu boca chorros de saliva hablan de un ansia descontrolada… tus manos atadas se retuercen ante la impotencia de tocar lo que desea con todas sus ganas… tu vientre sube y baja al compás de las embestidas de la lengua, y la mano maestra que tocan tan sabios arpegios… y la danza se acelera…
- “Luego el suplicio fue reduciéndose. Había echado la cabeza hacía atrás y percibía su olor…”
Eso es en el libro… pero aquí ahora, el suplicio crece y aumenta y es palpable en el desesperado retorcerse de tu cuerpo, que quiere acabar ya, una vez más… que quiere abatirse como una oleada más en su playa… y se arquea y se tensa y gime, a falta de poder gritar y se vuelve a tensar... y justo en el momento que la pequeña muerte orilla de nuevo, Eva mete de un solo golpe su pequeño puño en tu sexo hasta donde este da de si y te golpea en lo más hondo… Y esta vez no es una mansa ola la que orilla en tu playa, si no un violento temporal desatado sobre las rocas a fuerza de viento y furia… y el cuerpo todo se tensa hasta un punto que uno diría que va a romperse, como el palo de la mayor, es tironeado y se queja y cruje por la fuerza de los vientos de la tormenta…y el grito de placer es audible aún con la boca llena…
- ¡UHmmmmmm……..ahhhhhhhhhhhh……
… durante un segundo eterno, tu cuerpo esta ahí, sobre la mesa, de costado, quieto… inmóvil por la descarga de placer que lo ha amordazado… unas pequeñas lágrimas, se escurren por el filo del antifaz… el sudor se perla bajo la incierta luz de las velas… la música ha cesado… mi voz se ha callado…
… en ese segundo eterno el placer te ha llenado y vaciado por completo hasta aturdirte y perderte…
… en ese segundo eterno… todos… yo… te he envidiado…
… en ese segundo eterno, mi vida, te he amado como nuca antes te había amado y he llorado contigo y he reído contigo y te hubiera besado los pies y las manos pidiéndote perdón por no haberte dado esto antes en lugar de los vanos intentos y las palabras que no dicen nada…
… en ese segundo eterno lo por ganar, se había ganado… fuera para quien fuese… pues no había vencedores ni vencidos… solamente una pequeña luz que iluminaba el silencio… y la tregua que pedían los cuerpos agotados…
Al segundo siguiente, tu cuerpo se desploma sobre la mesa y todo se desvanece… no ha sido un sueño… esta ocurriendo y aún no ha acabado…
Aún casi sin tiempo a asumir el placer, te levantan de la mesa y te llevan hasta el tocador… los movimientos ahora son más urgentes, menos delicados, tomados por el deseo de satisfacer los instintos y la urgencia del momento… y tú te dejas llevar sin impedimento… Eva se recuesta sobre el pequeño tocador, acomodando sus nalgas y abriendo sus piernas para recibirte… sus ojos brillan, sus labios brillan y su boca esta ansiosa, aunque tu no puedas verla, su cuerpo se agita de impaciencia…
- Ahora me vas a comer tú… pequeña zorra hambrienta…
Adan te obliga suavemente pero con firmeza a arrodillarte justo entre sus piernas… tu rostro queda tan cerca de su sexo que puedes percibir su olor...haces un gesto como de no querer, pero sin mucha convicción ya… ella tira de tus manos atadas y las lleva a sus pechos que parecen querer reventar de impaciencia… él toma tu cintura desde atrás… sin mediar palabra ensarta su espada de carne de una sola embestida en tu sexo ya lubricado desde hace rato… aún así, la embestida es tan fuerte que tu espalda, por un segundo, se arquea y un gemido, más que un grito de dolor, escapa de tu garganta… un segundo solamente… luego no hay queja… la misma embestida ha empujado tu rostro sobre el sexo de Eva, que al mismo sentir tu boca ha cerrado sus muslos, aprisionando tu cabeza entre ellos…
- ¡Chupa mi pequeña zorra, chupa bien y dame ese gusto que me mata!...
Aprisionada entre sus piernas y ensartada entre los muslos de él, no hay escapatoria posible… aún así, tu boca aún no reacciona, ante una situación, un olor, un sabor y una textura que son nuevos para ella… sólo respiras como puedes entre embestida y embestida sin tregua del tizón ardiente de carne que parece querer partirte en dos…
- ¡Hazlo, vamos, cómeselo de una vez….!
Es Adan el que te ha hablado, después de haberte palmeado en la nalga, con fuerza pero sin furia… y ese misma nalgada que te hace soltar un “¿Auh!”, más por lo inesperado que por lo dolorosa en sí, es la que elimina tus última reticencias… tu boca prueba el sabor de un sexo que es tu mismo sexo, pero es otro sexo, de un gusto que te es nuevo, pero conocido desde hace tanto tiempo… y al ritmo de las embestidas, de la música que suena nuevamente, del calor tórrido de la habitación, del penetrante olor a incienso y de mi voz que continúa su lectura, tus labios se abren para retornar el placer recibido… y más lágrimas, mezcladas con el sudor de tu frente, caen de tus ojos, para mezclarse con el sudor del resto de tu cuerpo…
- “… jugué cuanto pude con su excitación y con la mía, alternado ritmos, presiones, pasión y tiempos de reposo…”
Estoy leyendo… puedo oír mi propia voz… pero se que, más que leer, recito los pasajes ya casi aprendidos de memoria… mi cuerpo y mi alma se están doliendo y disfrutando con la escena a partes iguales… quiero estar ahí, pero debo estar aquí… una parte de mí desea levantarse, apartarlos, empujarlos a él y a ella, mandarlos a la mierda y al quinto infierno de donde no debieron salir nunca, tomarte entre mis brazos, calmar tus lagrimas y gimoteos entre caricias sin fin y decirte que todo se acabó y que nunca más… otra parte de mí, tan sólo desea tomar el lugar de él para darte el mismo placentero dolor que te esta dando y disfrutarlo con la misma alegría… aún así la parte que permanece es la parte fría que se atiene a lo prometido y a lo pactado, al juego y sus reglas, por más desecho que me encuentre… y por más vergüenza que me de reconocer que si, que mi pequeña zorra se tiene bien merecido lo que esta pasando y que disfruto de verlo como no pudiera imaginar nunca que lo haría…
El dolor y su ausencia… la alegría y su ausencia… el sinsentido que es todo cuando se lleva al terreno de la carne y los deseos… y el sentido que todo cobra en ese mismo terreno… el dolor y la vida en una sola cosa…
Y cuanto se puede llegar a querer y desear a una persona, para querer perderla completamente, antes de perderla por completo… si esto no es comprensible fuera de la locura de amor que siento…
Tiempo….
Eva acaba de aullar entre espasmos de su vientre, mientras sus manos agarran con fuerza tu cabello… los cuerpos sudan pequeños ríos de placer convertidos en agua, mezclándose con los jugos de los propios sexos… los gemidos, los jadeos, son ahora de uno, ahora de otro, todos un mismo grito…
Sin tregua para el descanso, en cuanto Eva se corre de placer, Adan, sujetándote por la cintura, te levanta en volandas, y, antes de darte cuenta, ahora estáis sobre el lecho, donde te ha dejado caer sin mucho miramiento… tu cuerpo parece exhausto y suda y jadea, tu pecho se eleva y cae con cada bocanada de aire, tu boca babea sin control con los jugos y la saliva que caen de sus comisuras… pero no pides tregua, no pides descanso… la furia animal del puro deseo, aquello que tanto temías dejar libre, campa ahora a placer por tu cuerpo que ahora, ya si, lo único que quiere es placer, aquí y ahora, placer sin límite simplemente… “un coño, una polla, un culo, una teta, una mano, una boca, dadme cualquier cosa, pero dádmela ya”… es el grito de guerra de este animal… ya no hay control…y, sabiéndolo, Eva desata tus manos, que ya no van hacer nada más que lo que están deseando, tocar, palpar, magullar, arañar, buscar y encontrar, cada trozo de piel que se encuentre al paso… lo primero que haces es quitarte el antifaz, para que la vista se una a la orgía de sentidos que se ha estado perdiendo…
- “… he aquí tu voz en tu mano, que se abalanza una y otra vez, afluye la sangre, se estira la piel…”
Y ríes mientras tus ojos se iluminan… te lanzas sobre la boca de ella que te recibe con gusto… coges su cabeza por el cabello y comes su boca como si fuera el último alimento sobre la tierra, mientras con la otra mano masturbas el sexo de él, que se acerca para recorrer con sus manos todos tus rincones… y así tres bocas se buscan, se encuentran y se sacian… tu ríes… ríes porque en tu cuerpo se están rompiendo las ataduras y esa sensación de libertad es demasiado buena y demasiado brillante para contener la risa… y es en ese momento que Adan se echa sobre la cama, aprisiona tu cuerpo por las caderas y vuelve a ensartarte con su miembro… tu en cuclillas sobre su cuerpo, abres cuanto puedes tus caderas y te clavas en el él con una soltura y un gusto que da envidia verlo… Eva se sienta sobre la boca de él ofreciéndole su sexo y se abraza a tu cuerpo y de nuevo a tu boca… y comienzas a cabalgar con un ritmo en aumento… cuando las cabalgadas aumentan, ella se sitúa a tu espalda y hecha tu cuerpo hacia delante… Adán abraza tu espalda para pegarte a su cuerpo… tu gimes y sudas y ya no te importa lo que ocurra, mientras lo que ocurra te de placer…
- “ Si el tiempo es un tallo, brota de él una flor, y quizá, si está en el jardín, se la ve abrirse y puede uno ofrecérsela a otro…”
Eva se dedica a lamer y chupar la entrada de tu ano que ya se contrae de impaciencia… suavemente lo recorre en círculos primero, luego su lengua prueba a entrar y a lamer con avaricia… lleva los dedos de su mano a tu boca y tu lames sus dedos con saña, sabiendo donde irán a parar… y así, primero uno suavemente se introduce y sale… y luego son dos… tu rostro se crispa en un primer momento, pero no dices nada… tan solo te dejas llevar, porque el placer es mayor que el dolor y todo lo llena y lo cubre…
- ¡Tu, deja ese puto libro y ven a darme tu polla de una vez! – lo has gritado con una urgencia y unas palabras que si luego te las recordara, te harían sonrojar.
No digo nada. Nada hay que se pueda decir. Hace ya demasiado que me estoy conteniendo y finalmente tu boca me ha nombrado… me acerco y mientras ellos están jugando contigo, ahí de pie, frente a ti, expongo mi sexo ante tu boca… por un segundo me miras… la primera vez desde que has llegado… y hay rabia y alegría a un tiempo en esa mirada… hay amor y hay entrega… hay una orden y hay una súplica… pasado ese segundo, tu boca se lanza sobre mi sexo como si fuera la última golosina de este mundo… y me olvido de las palabras… me olvido de este mundo… me dejo caer en el ritmo de la música, en el calor de la estancia y el deseo de los cuerpos… me abandono mientras mis manos sujetan tu cabeza por los cabellos… y mi sexo goza y sufre entre tus dientes, tu lengua, tus labios…
- Vale, ya esta a punto… ahora cabrón, dame tú por el culo… vamos métemela ahora mismo… y tu, niña, ven aquí y dame esa delicia de coño, quiero follarte una vez más con la boca…
Así el juego ya decidido, continúa… yo tomo tu hermoso culo, Adan esta dentro de tu ansioso coño y tu boca come del hermoso coño de Eva… Y todo es brutal y hermoso a un tiempo… y todo estalla y se rompe en mil pedazos en mi cabeza embotada de sexo… todo es piel y sudores, jadeos y movimiento de los músculos y de los huesos… y finalmente todo estalla para todos y todo son fluidos saliendo de los orificios de los cuerpos y todo es una noria que da vueltas y un impacto de caída libre sobre la tierra…
Una marea de ronca voz nos cubre y nos barre mar adentro… y durante un segundo los cuerpos son arrastrados y empujados contra las rocas y allí son batidos sin piedad por el oleaje, sin posibilidad de moverse…
Toda esa tormenta acaba… y como tras la tormenta, los cuerpos descansan lacios, uno sobre otro, como arrojados por la resaca sobre la fina arena de la playa… lacios sin fuerzas… lacios y llenos de la rabia de haberse batido con todos los músculos exhaustos… felizmente agotados… felizmente entregados y rendidos…
Vuelve a brillar el Sol… y Dios, si no existe, habrá que inventarlo aunque solo sea para darle las gracias por este momento… y todo es posible porque una mariposa bate sus alas sobre la flor del nenúfar que dormita en la charca…
Y yo te amo como nunca me había atrevido a amarte…Sin pecado…. Libremente….
- Feliz cumpleaños mi vida- es lo primero que puedo decirte.
Tu cuerpo sudoroso esta en medio de todos… con un brazo reposando sobre mi pecho… con el otro los abrazas y acaricias a ellos… estas exhausta, tú más que todos nosotros… y tu cuerpo relajado se mueve con pereza por sobre los demás cuerpos… en tu rostro hay una alegría que desmiente todas las lágrimas derramadas y de tu boca sale, como una plegaria, una sola palabra…
- Gracias… gracias…gracias…gracias…
Me besas con una ternura que es una delicia para mis labios sedientos.
- Gracias por el cumpleaños más hermoso de mi vida… y gracias a ti… y gracias a ti – los besas a ellos con la misma ternura – ahora, si no os importa… ¿podéis dejarnos solos?... gracias una vez más – y los besas una última vez.
Eva y Adan, no dicen nada… tan solo sonríen y se visten en silencio… nos lanzan un último beso, Eva me hace el gesto del teléfono junto a su oído… esperará mi llamada para saber las noticias… yo le guiño un ojo, le sonrío y digo “ciao” con la mano… la puerta se cierra y nos quedamos solos en el silencio de la estancia… estamos fumando un cigarrillo, abrazados… no hay mejor palabra que el silencio… pero alguien tiene que ser el primero en romperlo.
- ¿De donde has sacado tú el dinero para pagar una fiesta así?... ha tenido que salirte muy caro…
En la hora de la verdad desnuda, la retórica de las palabras sobra…
- He vendido cuanto tenía. He dejado mi empleo, y por los pelos, pero ha llegado… cuando nos conocimos era un don nadie… ahora soy eso y más… cuanto ves es cuanto queda… tan solo yo y mis manos desnudas…
- ¡¿Te has desecho de todo solo para hacerme un regalo de cumpleaños?!- me miras un tanto asombrada- ahora estas aquí… a mil kilómetros de tu casa, en medio de ninguna parte y sin nada… ¿Por qué?
- Por amor… ¿se te ocurre un motivo mejor?... a mí no.
- Por amor…- recitas suavemente estas palabras mientras acaricias mi cabello-… ¿y si esto no funciona?....
- ¿Importa eso demasiado?.... siempre tendré mis manos y ahora estamos aquí abrazados… me importa un pimiento el mañana…
Me miras una última vez a los ojos… y es una mirada de esas que dicen “todo esta bien ahora”… no dices nada… recuestas tu cabeza sobre mi pecho, me abrazas con fuerza y finalmente me hablas.
- Si me duermo, no me despiertes. Quiero saber como me siento despertando entre tus brazos….
Asiento con la cabeza y casi en seguida cierro los ojos sintiendo tu abrazo…
Existen las mañanas… pero ¿existirá un mañana?...
Quizá… quien sabe…
Ahora sola importa la dulce sensación de tu cuerpo sobre mi cuerpo…
Dulces sueños, mi vida…
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